17 de marzo 2020. COMUNICADO DE LA ASAMBLEA FEMINISTA UNITARIA DE GRANADA.

La crisis sanitaria provocada por el Coronavirus está ocasionando una situación de emergencia social que pone de manifiesto los límites y las contradicciones de fondo que caracterizan al sistema económico y social en el que vivimos. Desde el movimiento feminista venimos señalando desde hace mucho tiempo la necesidad de poner la vida en el centro, lo que implica priorizar el garantizar los cuidados tanto de las personas como del ecosistema por delante de los beneficios económicos y de un crecimiento caótico y depredador basado en la ley del más fuerte.

Una de las cuestiones que esta crisis ha evidenciado claramente es la distribución social desigual del trabajo de cuidados, el cual seguimos asumiendo fundamentalmente las mujeres, ya sea en los hogares de forma gratuita o en empleos cuyas condiciones son generalmente precarias, con elevadas tasas de temporalidad, inestabilidad, bajas remuneraciones y escasa o inexistente prevención en materia de riesgos laborales.

Es el caso de las trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio, que han manifestado su preocupación por la ausencia de un protocolo claro para el desarrollo de su actividad en estas condiciones, en las que tanto ellas como los usuarios y usuarias de la dependencia están expuestas a un riesgo específico que debería ser atendido con medidas de seguridad oportunas. Esta situación no es nueva, como no lo es su demanda de una prevención de riesgos laborales adecuada en el sector, pero con la crisis actual se convierte en una necesidad urgente. Diversas asociaciones de trabajadoras del hogar también han denunciado su situación, que ya era extremadamente precaria, pero se agrava considerablemente con la crisis sanitaria, incrementándose su explotación laboral y su incertidumbre, especialmente en el caso de aquellas trabajadoras que trabajan en régimen de internas. Según están denunciando, se están dando muchos casos en los que dada la paralización de las clases o el cierre de centros de día, se les exige que amplíen sus jornadas o directamente no abandonen en ningún momento los domicilios, sin poder disponer de sus tiempos de descanso, lo que imposibilita de facto que puedan dar respuesta a sus propias necesidades de cuidados y las de sus familias. El problema se agrava si tenemos en cuenta que en muchos casos, no existe contrato alguno, con lo cual si no ceden ante las exigencias, temen perder su empleo. Otros colectivos de trabajadoras, como las educadoras infantiles, las trabajadoras de la limpieza en servicios públicos que han dejado de funcionar temporalmente como los colegios o los centros de día, o las camareras de piso, han denunciado cómo se exponen también en estos días a la posibilidad de ser despedidas. En este tipo de empleos además existe una amplia ocupación de mujeres migrantes, que enfrentan esta crisis con menos redes de apoyo y una situación de mayor vulnerabilidad y desprotección derivada de la restrictiva y racista legislación actual en materia de extranjería.

Desde la Asamblea Feminista Unitaria queremos expresar nuestra solidaridad con todas las trabajadoras y trabajadores que en estos momentos hayan sido despedidas, teman por la continuidad de sus empleos o que estén viéndose especialmente expuestas a riesgos sociosanitarios, así como sumarnos a la denuncia pública de su situación. De forma específica, queremos expresar nuestro apoyo a aquellas cuyo trabajo se desarrolla en el sector de los cuidados y cuya labor es imprescindible para el sostenimiento de la vida.  Por todo lo anterior consideramos muy necesario que se tomen medidas económicas encaminadas a la protección de las personas trabajadoras despedidas así como las debidas garantías para su readmisión una vez remitida la situación de emergencia sanitaria. Asimismo, instamos al gobierno y las administraciones competentes a que las ayudas que se destinen a empresas se vinculen a la prohibición de que en las mismas se produzcan despidos.

Por otro lado, el cierre de los centros de día de  mayores y de los colegios supone una reprivatización de los cuidados.  La carga que constituye atender a las tareas de cuidado vuelve a colocarse en el ámbito privado, en lo doméstico y se propone la búsqueda de soluciones individuales sin apoyos claros y suficientes desde lo público. Enfrentar la crisis de cuidados y las duras consecuencias de esta crisis en términos económicos pensamos que requiere, sin embargo y más que nunca, reforzar los lazos de apoyo mutuo y la recuperación de  las redes comunitarias. Aún siendo conscientes de las necesarias precauciones que ahora mismo debemos tomar, evitando espacios de cuidados colectivos presenciales, consideramos muy positivas las iniciativas de muchas personas que se han ofrecido a apoyar a sus vecinas y vecinos para hacer la compra o colaborar en las tareas de cuidados y también todas las iniciativas colectivas para organizar redes de apoyo por barrios, como han hecho las compañeras de Ajuntamientos por barrios o la Asociación Por un Realejo Habitable, que apoyaremos individualmente desde nuestro colectivo en la medida de nuestras posibilidades. También consideramos igualmente fundamental la iniciativa de aquellos sindicatos que se han ofrecido para asesorar laboralmente a todas aquellas trabajadoras y trabajadores que en estos días pierdan su empleo o se vean expuestos a irregularidades en sus centros de trabajo. Para lo que está por venir, tendremos que utilizar toda nuestra creatividad y toda nuestra fuerza colectiva para salir juntas de la crisis. Pensamos sin duda que ese es el camino a seguir: solidaridad, comunidad y feminismos.

Finalmente, mientras se mantenga la cuarentena serán muchas las mujeres, niñas y niños imposibilitadas de encontrar una vía de escape de sus maltratadores. Se hace más necesaria que nunca una respuesta rápida de las autoridades, el funcionamiento del sistema de casas de acogida y la garantía de una alternativa habitacional inmediata para las mujeres que sufren violencia machista. En los últimos presupuestos de la Junta de Andalucía desaparecieron partidas esenciales como la destinada a las entidades sin ánimo de lucro para el alquiler de viviendas destinadas a mujeres víctimas de violencia machista, que ante la situación actual no solo habría que recuperar, sino incrementar. Hacemos un llamado por tanto al conjunto de la sociedad para prestar especial atención a las señales de alerta que puedan darse en su entorno y tomar medidas para apoyar a las afectadas en la medida de sus posibilidades.

Construyamos comunidad. Cuidemos a las que cuidan.

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