MANIFIESTO 8 DE MARZO 2022

En el contexto de una ofensiva bélica que amenaza con extenderse, este 8 de marzo salimos a la calle para denunciar un sistema capitalista, patriarcal y neocolonial que precariza y enferma la vida y los cuerpos de las mujeres. Consecuencia de un modelo económico productivista que busca el enriquecimiento de unos pocos a costa del deterioro de la vida de la mayoría de las personas, de la naturaleza y de la Tierra, este sistema es responsable de la precarización del empleo que afecta a tantas mujeres, del abandono de los servicios públicos que nos afecta como usuarias, trabajadoras y cuidadoras. Es responsable de la desvalorización de los trabajos de cuidados que están en el fundamento mismo de toda la organización social y que se sostienen sobre la explotación de los cuerpos de las mujeres tanto para labores productivas como reproductivas. Es responsable de la confiscación de derechos que se ejerce sobre las mujeres que migran en busca de una vida mejor. Es responsable también de la estigmatización y vulneración de la vida de las que tienen cuerpos, identidades u orientación sexual o de género que no se conforman a los mandatos binarios de la cultura patriarcal. Por ello y con urgencia, ante los retrocesos que anuncian los discursos y las alianzas políticas con la extrema derecha, reclamamos

DERECHOS PARA TODAS, TODES, TODAS.

Si bien reconocemos los avances de la reforma laboral, consideramos que es sólo un primer paso y que hay que seguir en la lucha por la recuperación de los derechos arrebatados. Resumimos la situación laboral de las mujeres con algunos datos. Representamos el 75% de la contratación a tiempo parcial. En el sector público, la temporalidad alcanza el 32’4%. Además de la brecha salarial del 24%, la temporalidad profundiza las brechas de cotización y protección por desempleo y pensiones. En Granada el 59% de las mujeres asalariadas cobran el Salario Mínimo Interprofesional o por debajo de él. Acusamos el sesgo de género que afecta la catalogación de las profesiones consideradas como penosas, tóxicas o peligrosas que no tienen en cuenta grupos profesionales feminizados como las camareras de piso, igualmente muy expuestas a tareas penosas y productos tóxicos, sesgo que obstaculiza su jubilación anticipada. Condenamos las actuaciones de las Mutuas de Trabajo en su propio beneficio, vulnerando el derecho de las trabajadoras al denegar las suspensiones de contrato por riesgo en el embarazo y lactancia natural. En Granada, finalmente, queremos denunciar la externalización de las tareas de limpieza de la Universidad, que sin duda alguna abocará a las trabajadoras a unas peores condiciones de trabajo.

Estas situaciones nos empobrecen y enferman. Por ello exigimos:

  • El reforzamiento de las inspecciones de trabajo en los sectores precarizados y vigilancia de la legislación de los planes de igualdad de las empresas
  • La consolidación de los derechos de las trabajadoras que este sistema fragiliza en beneficio de la empresa.
  • El fortalecimiento de medidas contra la externalización y subrogación de servicios que empeoran las condiciones de trabajo en detrimento de los propios servicios

Por otro lado, el abandono continuado, por parte del Estado, de los servicios públicos se ha traducido en recortes en los servicios sociales, de salud, dependencia o conciliación. Esto está teniendo duras consecuencias sobre la vida de muchas personas dependientes y de las mujeres, quienes asumimos en gran medida las tareas domésticas y de cuidados de los entornos familiares. En Andalucía, es máximo el deterioro de los servicios públicos provocado por los gobernantes de la Junta de Andalucía y sus socios de la ultraderecha en favor de los seguros privados. Sirva como ejemplo los 8 000 despidos de personal sanitario.

Por ello exigimos:

  • El fortalecimiento de los servicios públicos, dotándoles de personal y recursos suficientes.
  • El desarrollo de un sistema público de cuidados con atención especial a la infancia, personas con diversidad funcional, dependientes y mayores.
  • La municipalización de servicios de ayuda a domicilio.

Por otra parte, el expolio de recursos, la dependencia y las políticas neocoloniales que ejercen algunos países occidentales sobre el resto del mundo está llevando a toda una clase invisibilizada de mujeres de otros países y continentes a cruzar fronteras en busca de una vida mejor. Muchas dejan atrás el cuidado de sus propias familias en manos de otras mujeres, y se vuelven aquí esenciales para responder a esas necesidades de cuidados que la administración no asume. Sin embargo, se encuentran en su gran mayoría en los márgenes de la condición de ciudadanía, enfrentando una clandestinidad que favorece su explotación hasta los límites de la esclavitud. Así mismo son escandalosas las condiciones de trabajo y de acogida que padecen las trabajadoras que se contratan en origen, la gran mayoría en Marruecos, para la recolección de los frutos rojos, temporeras de la fresa, alojadas en infraviviendas y tratadas a menudo de forma inhumana. Ninguna seremos libre mientras haya mujeres sometidas.

Por ello exigimos:

  • La derogación de la Ley de Extranjería y la regularización ya de las personas migrantes en situación administrativa no regularizada.
  • La ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo que equipara los derechos de las trabajadoras del hogar y de los cuidados con los del resto de trabajadoras

En el clima de involución social, de agresiones, vejaciones y humillaciones que provocan los discursos de odio de la extrema derecha hacia las personas trans y no binarias denunciamos las dilaciones utilizadas por el Consejo General del Poder judicial para emitir su dictamen sobre el proyecto de Ley trans y, con eso, demorar el proceso que ha de llevar dicha Ley al parlamento.

Por ello exigimos:

  • La mayor celeridad en la tramitación de esa Ley para que puedan quedar amparados y garantizados sus derechos inalienables de autodeterminación, en un contexto en el que es más que nunca necesario.

Finalmente, desde la Asamblea Feminista Unitaria nos posicionamos firmemente contra la invasión de Ucrania por Rusia y exigimos que cesen inmediatamente los ataques contra la población civil. De la misma forma que nos pronunciamos contra el despliegue militar que ha llevado a cabo la OTAN en los países colindantes y exigimos una solución pacífica a través de la vía diplomática. Las guerras nos acarrean pérdidas humanas devastadoras, situaciones de aumento de violencia sexual, crisis económicas… Ya sabemos por experiencia que las crisis del capitalismo, como la crisis financiera del 2008, las resuelven con medidas deflacionistas, que producen pérdida de empleo, reducción de salarios, y desmantelamiento del tejido social, repercutiendo negativamente en la clase trabajadora en general y en las mujeres en particular, llevándonos a un mayor empobrecimiento. Por eso decimos alto y claro, a los gobernantes que juegan sin escrúpulos a repartirse el mundo:

¡NO A LA GUERRA! ¡VUESTRAS GUERRAS, NUESTRXS MUERTXS!

¡NI RUSIA, NI OTAN, LAS GUERRAS LAS PAGAMOS SIEMPRE NOSOTRXS!

La precariedad y las violencias cotidianas que sufrimos las mujeres, en diferentes formas e intensidades, solo se pueden combatir si nos seguimos autoorganizando para construir una red de cuidados y desarrollar la lucha colectiva que transforme esta realidad. Si algo nos ha demostrado el movimiento feminista en los últimos años es que uniendo nuestras fuerzas podemos lograr victorias que nos permiten mejorar nuestras vidas. Pero unidad no puede significar en ningún caso uniformidad. No puede suponer invisibilizar, silenciar o relegar a un segundo lugar las voces y reivindicaciones legítimas de las mujeres que sufrimos múltiples opresiones, más vulneradas en nuestros derechos: precarias, LGTBIQ+, racializadas, migrantes y discas. La unidad sólo puede construirse a partir del reconocimiento de la diversidad que nos caracteriza desde siempre y de la inclusión de todas las mujeres que sufrimos las consecuencias del sistema en el que vivimos. En nuestra pluralidad es donde encontramos las herramientas para romper con las jerarquías entre nosotras, resistir a las narrativas que nos oprimen a todas y poder imaginar y construir juntas nuevos mundos posibles. Por eso hoy gritamos,

¡DERECHOS PARA TODAS, TODES, TODAS!

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