UN 1º DE MAYO FEMINISTA PARA LA RECONSTRUCCIÓN SOCIAL

Como cada 1 de Mayo, Día Internacional del Trabajo, desde la Asamblea Feminista Unitaria de Granada, nos unimos al resto de trabajadoras y trabajadores en este día de lucha y reivindicación para denunciar la situación de pobreza y precariedad laboral que afecta a la clase trabajadora en general y que se ceba especialmente con las mujeres y los grupos sociales más desfavorecidos. Este año, marcado por la excepcionalidad del confinamiento, no podemos salir a la calle, pero menos aún podemos permanecer calladas ante el impacto que esta crisis sanitaria está teniendo para la población trabajadora y sobre la crisis económica que vendrá después.

Con la excusa de la crisis económica de 2008 se abarataron los despidos, se precarizó el empleo y se profundizó en el desmantelamiento de los servicios públicos. En definitiva, nos hicieron pagar, una vez más, los platos rotos de una crisis que no habíamos generado, mientras se rescataba con dinero público a los verdaderos culpables (bancos y grandes empresas). Estas medidas nos afectaron y nos siguen afectando a nosotras, las mujeres, triplemente: como trabajadoras con condiciones precarias (la mayor parte de contratos temporales y a tiempo parcial son desempeñados por mujeres), como empleadas de los servicios públicos (altamente feminizados) y como principales usuarias de los mismos, dado que sobre nosotras sigue recayendo mayoritariamente el trabajo cuidados (tanto el que el Estado deja de asumir en momentos de crisis como aquel del que nunca se responsabilizó), un trabajo reproductivo que mientras recae en las espaldas de las mujeres sale gratis a un sistema capitalista que necesita indispensablemente de él para su supervivencia.

Ante la falta de alternativas laborales muchas personas en situación irregular se vieron abocadas a situaciones de mayor precariedad para poder salir adelante, asumiendo empleos poco valorados socialmente, mal remunerados y  con escasos derechos laborales reconocidos, como son todos los relacionados con los cuidados (empleo del hogar, ayuda a la dependencia, camareras de pisos) u otros que la población autóctona a menudo rechaza (trabajo temporal en el campo, hostelería). En definitiva, aquella crisis, de la que todavía muchas familias no han salido, empobreció a la clase trabajadora, y dentro de ella sobre todo a los sectores más vulnerables como somos las mujeres y la población migrante.

Y de aquellos barros… estos lodos. La emergencia sanitaria que ha supuesto la Pandemia del COVID-19, ha puesto encima de la mesa de una manera dramática lo que ya sabíamos: que los servicios públicos no son negociables ni tienen que gestionarse en términos de rentabilidad, que el trabajo precario no permite a la gente vivir dignamente, y que la economía sumergida sigue existiendo y las personas que trabajan en ella se encuentran totalmente desprotegidas, especialmente las que se encuentran en situación irregular. Pero además ha evidenciado lo que desde el movimiento feminista llevamos años reivindicando: que los cuidados son fundamentales para el sostenimiento de la vida.

Sin embargo, las medidas económicas adoptadas son insuficientes. Han mirado, primero que nada, por proteger un sistema económico que se ha comprobado fallido, dejando de lado a gran parte del tejido social, ese que vive al día o al mes, enganchando contratos eventuales o temporales, trabajando pocas horas por semana o sin contrato, y sobre los cuerpos de quienes se han construído la industria del consumo, la hostelería y el turismo. Estos sectores han sido los primeros en prescindir de  las personas gracias a las cuales se han enriquecido, mientras los impuestos  de toda la sociedad les están salvando. Los límites del estado actual son patentes, no puede romper con la lógica neoliberal de la que es fruto.

Estamos ante una encrucijada. De esta crisis el capitalismo puede salir reforzado, lo que supondría un incremento de la desigualdad entre quienes más y quienes menos tienen, o debilitado. Para ello, la clase trabajadora tiene que mostrarse unida y luchar con uñas y dientes por sus derechos, lo cual pasa necesariamente por reconocer los ejes de opresión que nos atraviesan, y abrazar las reivindicaciones feministas, antirracistas, ecologistas y anticapitalistas, reconociéndolas como elementos imprescindibles para conseguir un mundo más justo.

Repensar la economía, el trabajo, la comunidad y la relación con nuestros territorios y el planeta es hoy más indispensable que nunca. Y creemos que repensar todas estas cosas desde la lógica de poner los cuidados en el centro, puede ser una oportunidad única de cambiar el mundo.  Cuidar el planeta, cuidar a quienes nos cuidan, cuidar a lxs más vulnerables, cuidar a todas esas redes comunitarias (familiares, vecinales…) que nos mantienen, y cuidarnos a nosotrxs mismxs son necesidades que han quedado claramente patentes en las últimas semanas, y constituyen una reivindicación profundamente revolucionaria.  En este camino por conseguir un mundo más justo para todxs, la actual situación nos deja importantes lecciones. Ojalá sepamos estar a la altura. A continuación desgranamos algunas de ellas.

Lección 1.Los servicios públicos no son negociables. Son servicios y por tanto no tienen que ser rentables. Los gobiernos que recortan y privatizan los servicios públicos siembran muerte y miseria. La dramática realidad de las residencias de mayores pone de manifiesto con dureza las consecuencias de la privatizaciones; la investigación es imprescindible para el avance de nuestra sociedad; la brecha digital está dificultando enormemente que lxs hijxs de familias con menos recursos puedan seguir estudiando durante el confinamiento; los servicios sociales comunitarios están desbordados.

Por todo ello hoy más que nunca exigimos la responsabilidad del estado a la hora de garantizar servicios públicos y de calidad. Reivindicamos la inversión en sanidad, educación, dependencia y servicios sociales, y no sólo cuando nos vemos con el agua al cuello, porque como ya sabemos más vale prevenir que curar. El aplauso al personal sanitario y trabajadorxs esenciales hoy no servirá de nada si mañana no defendemos con todas nuestras fuerzas los servicios públicos. Que los aplausos del hoy sean las movilizacones  en defensa de los servicios públicos del mañana.

Lección 2 .- Sólo el pueblo salva al pueblo. Esta emergencia sanitaria ha demostrado la imprescindible labor que realiza día a día la clase trabajadora. Lxs trabajadorxs esenciales (sanitarixs, pero también jornalerxs, transportistas, basurerxs, personal de limpieza, auxiliares de servicio de ayuda a domicilio…) han expuesto su salud y su vida, muchas veces sin los equipos de protección necesarios, para garantizar nuestras necesidades más básicas: salud, alimentación, higiene, cuidado de personas mayores y dependientes…

Por eso reivindicamos condiciones laborales y de vida dignas, lo cual pasa necesariamente por exigir la regularización ya de las personas migrantes, así como una renta básica universal que cubra las necesidades elementales de las personas para una vida digna, especialmente para las excluidas del mercado, muchas de las cuales trabajan en la economía sumergida y se encuentran ante una situación de desprotección total desde la declaración del estado de  alarma. Porque ésta es la única forma de no dejar realmente a nadie atrás.

Lección 3.- El trabajo que realizan las mujeres es esencial. En ese escenario donde se ha venido manejando un lenguaje bélico así como la puesta en escena de ruedas de prensa con tintes marciales no puede quedar invisibilizado todo el trabajo desarrollado por las mujeres, no sólo desde el ámbito sanitario, donde la presencia de las mujeres es más que notable, sino también desde profesiones que tienen que ver con el cuidado de las personas, el suministro de alimentos, sectores de la limpieza etc. Todos ellos sectores muy feminizados, de escaso reconocimiento social y por tanto más precarios. Entre otras podemos destacar las auxiliares de servicio de ayuda a domicilio, las empleadas de hogar, farmaceúticas, cajeras de supermercados y limpiadoras. Estas mujeres en muchos casos no se han limitado a hacer su trabajo, si no que también han acompañado y consolado a quienes más lo han necesitado (personas mayores, enfermos/as, familiares etc).

Reivindicamos que su trabajo sea visibilizado y reconocido de forma acorde a la importancia que tiene para el sostenimiento de la sociedad y no sólo con aplausos, sino sobre todo con la garantía de unas buenas condiciones laborales. En este sentido instamos al Estado Español a que ratifique del Convenio 189 de la OIT que incorpora el trabajo de las empleadas de hogar al régimen general de la seguridad social para que se garanticen de este modo todos sus derechos. Exigimos la remunicipalización de la ayuda a domicilio. Y denunciamos que la externalización de servicios por parte de instituciones y organismos públicos, como sucede habitualmente en el caso de la limpieza, redunda en la precariedad de las trabajadoras. Dejemos de hablar sólo de héroes y empecemos a hablar también de heroínas. Pero lo más importante, revaloricemos los trabajos feminizados y acabemos con la precariedad para evitar que nadie tenga que hacer heroicidades en su puesto de trabajo. 

Lección 4.-  La corresponsabilidad social está lejos de ser una realidad. No existe un reparto equitativo de las tareas de cuidados y el Estado tampoco asume su responsabilidad, de forma que las mujeres continuamos sufriendo una doble explotación. Esta crisis ha puesto de manifiesto hasta qué punto las medidas que nos venden como “conciliación laboral”, en realidad son una trampa para las mujeres que siguen asumiendo los cuidados a coste cero y de forma invisible. Alertamos sobre el teletrabajo, sobretodo si no está bien regulado, ya que trabajar desde casa per sé no es sinónimo de conciliar. Es más puede convertirse en un verdadero obstáculo para compatibilizar la vida laboral y familiar si se mezclan cuidados, empleo, educación etc, en los hogares, como ha venido sucediendo en este contexto y puede dar lugar a nuevas formas de explotación laboral, especialmente para las mujeres. Ya hay estudios que revelan que durante el confinamiento el reparto de las tareas de cuidados ha sido aún más desigual.

Exigimos planes de igualdad que incorporen medidas de conciliación reales que permitan a lxs trabajadorxs atender a sus familiares dependientes sin que esto vaya en detrimento de su vida laboral, así como que se impulsen talleres que promuevan la corresponsabilidad y en los hogares, para que no sigan siendo las mujeres quienes se hacen cargo de los cuidados. Y reivindicamos también espacios para el ocio y el auto-cuidado. El crecimiento medido en términos económicos de productividad y rendimiento se ha probado insostenible para el planeta y entra en conflicto con la calidad de vida de las personas trabajadoras. Sin la corresponsabilidad social, institucional y laboral de los cuidados no es posible la construcción de una vida digna para todxs.

Lección 5 .-La autorganización y la solidaridad son nuestras mejores herramientas. La paralización de la economía ha traído consigo la destrucción de muchos puestos de trabajo, y la vuelta a la llamada “nueva normalidad” puede ir acompañada de mayor precariedad laboral. Por ello recordamos la importancia de la autorganización para defender unas condiciones de trabajo y de vida dignas. Ponemos en valor también el importante papel que están jugando los sindicatos de clase como el instrumento necesario para defender los derechos de la clase trabajadora, así como para proteger la salud y la vida de las personas.

En estos momentos, apelamos más si cabe a la auto-organización en los puestos de trabajo, al sindicalismo combativo y a la solidaridad. Condenamos la represión sindical, como la que sufre a día de hoy Vanesa, trabajadora de la limpieza en la Delegación de Turismo de la Junta en Granada despedida por su actividad sindical, y la que han sufrido muchxs otrxs sindicalistas a lo largo de la historia. Y hacemos un llamamiento a apoyar las cajas de resistencia, como la organizada por la asociación de empleadas de hogar “Nosotras” con la que buscan apoyar a 100 trabajadoras de la provincia de Granada que han sido despedidas y no cuentan con ningún tipo de ingreso. Y otro tipo de iniciativas vecinales y comunitarias, como las redes de cuidados, que han florecido en el contexto de la pandemia y que buscan atender a la población más vulnerable al mismo tiempo que reforzar el tejido social de nuestros barrios. Porque nadie salva a nadie, pero nadie se salva solx.

El camino para salir de la encrucijada en la que nos encontramos comienza por el planteamiento concreto de alternativas que posibiliten estas transformaciones. En este sentido este 1º de Mayo EXIGIMOS:

Servicios Públicos y de Calidad, esta pandemia ha evidenciado que hay que blindar una  Sanidad Pública y Universal y la Educación frente al lucro privado, el Estado debe ser garante de los derechos universales y constitucionales de la ciudadanía. Así como de los Servicios Sociales, Educación, Dependencia, etc, fundamentales para la reconstrucción de una sociedad justa.

► Una transformación del modelo productivo que supere el sesgo de Género, que provoca que cuanto más feminizada esta una profesión más desprestigiada y peor remunerada se encuentra. Un modelo que invierta de forma igualitaria en todos los sectores para conseguir la Igualdad Efectiva.

► Una Renta Básica Universal, que garantice el derecho a la vida digna de todas las personas, en especial a las excluidas del mercado, muchas de las cuales trabajan en la Economía Sumergida.

► Una Reforma fiscal en clave progresiva que grave a los que más tienen, y combatir el fraude fiscal para que los esfuerzos de gasto público necesarios para afrontar la crisis económica y social no recaiga de nuevo, sobre las clases trabajadoras y los colectivos más vulnerables.

► La Regularización ya de las personas migrantes, porque ninguna persona es ilegal. El estado y la sociedad española han de responder ante la desprotección absoluta de cientos de miles de personas provocada por la Ley de Extranjería y una burocracia injusta, diseñada con salvoconductos que solo son superados por aquellas personas con más recursos, y que utiliza al resto para su beneficio y el enriquecimiento de la economía de mercado. Papeles para todxs, no solo ante la crisis sanitaria y no solo con un fin utilitarista, sino porque las personas migrantes han sido, son y serán siempre parte de la sociedad y han de garantizarse sus derechos en igualdad de condiciones.

► Un nuevo marco de relaciones laborales que implique la derogación de las dos últimas reformas laborales y la garantía de unas condiciones justas y dignas para la clase trabajadora y de forma específica, para las mujeres en los sectores más precarizados.

► Un Plan de Reconstrucción y de Recuperación del Empleo elaborado desde la Perspectiva de Género y que sea respetuoso con el planeta, reivindicamos un empleo estable y de calidad que superando la precariedad  tenga en cuenta las necesidades de todas y de todos.

► Redefinir un Nuevo Modelo Económico y Social que no anteponga el beneficio de los mercados, que no se arrodille ante los bancos y las grandes patronales, sino que priorice a las personas y el respeto por el planeta, en definitiva un modelo desde la Justicia de Género, que ponga la vida en el centro.

Esta crisis es una oportunidad para cambiar el rumbo, reemplazando un sistema que solo tiene en cuenta los beneficios y los indicadores macroeconómicos por otro que priorice el bienestar de las personas, y que sea sensible a los sectores de la clase trabajadora en situación de mayor vulnerabilidad como son las mujeres y la población migrante. De nuevo desempolvamos viejas consignas y alzamos la voz para decir que nuestras vidas valen más que sus beneficios y que sus crisis NO LAS PAGAMOS. Pero también que la revolución será feminista, antirracista y anticapitalista o no será. Y añadimos que desde una mirada feminista otra forma de entender la vida y el trabajo es posible.

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